Pregón de las Glorias de María
1973: Manuel Lozano Hernández
Y en mayo, la Divina Pastora es María que en San Martín, en Santa Ana y Capuchinos mueven a la oración, a Comunión y a Salve.
1986: José María Rubio Rubio
Sevilla se hace primavera en la Divina Pastora que convoca su rebaño para atraerlo al redil de su cobijo; (…) que espera en la Real Parroquia de Santa Ana que vuelvan los tiempos dichosos en los que su cayado amansaba las aguas del Guadalquivir en su ansia de correr bajo los puentes.
1990: Juan Foronda Blasco
Así contemplamos la Catedral trianera, sede de magníficas Hermandades, como (…) la Divina Pastora de las Almas, cuya devoción llevara a Triana un fraile capuchino siendo párroco de Santa Ana.
1994: Joaquín Caro Romero
Y las otras, ¿dónde están?
Me lo dice una campana.
Una la tiene Triana
con el tierno Rabadán.
Hacia San Antonio van
los rebaños vespertinos,
y por todos los caminos
quisiera ser tu pastor,
que por servirla mejor
me ordenaré capuchino.
1995: Aurelio Verde Carmona
Cuatro rediles tiene
la amanecida aurora:
de Divina Pastora
todo el alba se llene.(…)
Y hollando por Santa Ana
la grey de tu rebaño
sin subir un peldaño
tiene el Cielo en Triana.
1996: Carlos Peinado Sánchez-Lamadrid
¡Qué alegría sentí al ver de nuevo por las calles de Triana, a la Divina Pastora de Santa Ana, cuidando su redil! Desde aquí vaya mi aplauso, para aquellos jóvenes que han logrado recuperar la procesión de esta imagen por la que tanto luchó el Padre Míjares.
1998: Tomás del Rey Tirado
Dejadme que repose mi cansancio en esta égloga interminable de los rediles del alma de Sevilla, donde Ella pastorea: en la calle Amparo, en San Antonio, en los Capuchinos, en Santa Ana…
1999: Carlos Muñiz Romero, S.J
¿No son propiedad de Dios los sencillos rebaños que guían y cuidan los pastores, cómo nos está diciendo la Divina Pastora, (…) con la seriedad evangélica de quien nos habla del pastoreo de las Almas allá en Triana(…)?
2000: Joaquín de la Peña Fernández
Pastoras de nuestras almas que marcan en Triana, San Vicente y San Juan de la Palma las atalayas desde donde explicar al mundo el milagro de nuestras Hermandades de Gloria.
2001: Enrique Barrero Rodríguez
Cuando presientas, Señora,
la amenaza de algún daño
o se disgregue el rebaño
en la más incierta hora,
no olvides que eres Pastora
de los sueños de la vida.
Dale redil y guarida
al alma que en Ti confía.
Que si de Ti se extravía
sola queda, y aturdida.
Si el rebaño desespera
señala con tu mirada
la vereda, la cañada,
el manantial, la ribera.
Y al llegar la primavera
con el dedo levantado
señala el lugar del prado
donde al alma se le alcanza
el pasto de la esperanza
y el descanso tan soñado.
Santa Marina, Capuchinos,
San Antonio o Santa Ana,
se Tú siempre la guardiana
del rebaño y sus destinos.
Señala Tú los caminos
y la vereda sencilla.
Pues no hay mejor maravilla
que saberte a Ti, Señora,
eternamente Pastora
en el redil de Sevilla.
2002: José Antonio Fajardo Romero
Las horas del día transcurren y María sale al atardecer vestida de Pastora. Casi al comienzo de mis palabras manifesté que era una evidente realidad el hecho de que la Virgen María nació en Nazaret. Pero Sevilla tenía que demostrar al mundo cristiano que una advocación, Pastora, tuvo su luz en esta ciudad. En San Gil está su partida de nacimiento, porque Fray Isidoro tuvo el enorme acierto de considerar a la Virgen como Madre del Buen Pastor.
Si entendemos el vocablo pastora como la que cuida y guía a su rebaño, la Virgen María fue Pastora del Verbo que encarnó, dándole el primer templo que tuvo Dios en la tierra al llevarlo en su vientre. También fue Pastora al darle su corazón; la primera escuela que tuvo Cristo Niño (…)
Y en Triana, Pastora con ojos negros de mujer andaluza, que transmites a tus hijos al final del verano la alegría de tu cara a orillas del río. Un Guadalquivir que sirvió de alfombra celestial al convertir sus aguas en camino de flores cuando navegaste en barca de Reina para celebrar un Patronazgo que los deportistas te ofrecieron.
2003: Carlos López Bravo
Cuatro riscos florecidos,
los que su cayado guarda,
Capuchinos, San Antonio,
Santa Marina y Santa Ana.(…)
Santa Ana
en la vega esplendente de Triana,
entre alfares y forjas, y bajeles
anclados a la sombra de sus casas.
Y ese río que baja hasta Sanlúcar,
la Pastora romántica acunaba,
nacida del calor de un capuchino
que el fervor de sus fieles avivara,
y mecida entre los mimbres de su orilla
por los cantes gitanos de la Cava.
Y venera Santa Ana una Pastora
de dulzura y belleza extraordinarias,
de unos ojos luceros de azabache
donde asoma el fulgor de la Esperanza.
Hoy suspira la tarde de septiembre
al doblar el pretil del Altozano
que hoy Sevilla a su barrio más querido
por la calle del Betis se ha asomado
para ver su perfil y su finura
y el color de ese rostro tan gitano.
¡Pastora celestial de Santa Ana
vuélvenos al redil con tu cayado!
Cuatro riscos florecidos,
los que su cayado guarda,
Capuchinos, San Antonio,
Santa Marina y Santa Ana,
cuatro prados de Sevilla,
cuatro rebaños de almas.
Venid juntos pastoreños,
que aunque cuatro riscos guarda,
que aunque los prados sean grandes,
que aunque la ciudad sea varia,
una sola es nuestra Iglesia,
una sola nuestra Casa,
y es una sola la Madre
que vela con su mirada.
Venid juntos pastoreños
a la voz de su llamada,
cuando quiera que nos busque:
con las claritas del alba,
al atardecer el día
o bajo noche estrellada.
Venid juntos pastoreños
en la fe que nos hermana,
que uno solo es el legado
de devoción sevillana
que soñó Fray Isidoro
para que el mundo adorara
a esa Dulce Campesina
que con su cayado guarda,
nuestra vida y nuestra muerte
de día y de madrugada.
¡Pastora de mi Sevilla!
¡Pastora de nuestras Almas!
2004: Enrique Casellas Rodríguez
Y yo que aprendí a rezarte
con costales y alpargatas
un buen día allí crucé,
porque sentí tu llamada.
Yo que conocí tu altar
sin flores y sin plegarias,
hoy doy gracias a los cielos
porque al calor de unas andas,
allénde el puente, sentí
como una herencia olvidada,
de bondad y pastorado,
volvió a iluminar las caras
de los que se resistieron
a dejarte abandonada
y a perderse del cayado
de su humilde Soberana.
Ya no hay quien pueda olvidarse
de tu aroma y tu elegancia,
ni de tu sencillo nombre,
ni de tu humilde enseñanza,
ni de tu dulce figura,
color de jazmín al alba.
Ya se olvidaron los tiempos
de esa soledad callada
que privó a los trianeros
de ver como te acercabas
pastoreando en tu paso
como Pastora cercana.
Ya no te dejará sola
nunca tu barrio, Triana.
2005: Antonio Muñoz Maestre
Después de exaltar su pureza, Sevilla quiso acercarla a su suelo. Fray Isidoro la soñó rodeada de naturaleza, y acudió a una de las más bellas metáforas del Redentor, cuando se autodefinió como el Buen Pastor que entrega la vida por sus ovejas. El pueblo fue convertido, por obra y gracia del Padre que habla al hombre en sus sueños, en redil fiel que se cobija en su Palabra. Si no hay mejor metáfora para simbolizar la entrega de Dios que la del Buen Pastor, tampoco existe figura más bella que la Divina Pastora para expresar el cariño de una Madre.
Por eso, Madre del mundo, nunca estaremos saciados de tu presencia bajo tan hermosa advocación, y te lo repetiremos en cada rincón necesitado a la vez de protección maternal, y de belleza. (…) Cielo de crucería en Santa Ana y rebaño fiel en tus calles trianeras, pueblo vivo de Dios para ti, Madre y Patrona del Deporte.
2006: Maruja Vilches Trujillo
Posiblemente después de este día, podré bajar de la nube en la que me encuentro, desde la designación por el Consejo para ser la embajadora de las Glorias de la Virgen. Muchas son las cosas que desde entonces me han sucedido y en más de un medio de comunicación al que he sido llamada, he tenido la oportunidad de contar, sin embargo y aunque lo anuncié en algún acto, me he reservado para hoy el relatar las dos ocasiones en las que he sentido la mano de María. Yo un poco vanidosa le di el nombre de milagro, como comprenderéis era una manera andaluza de hablar, simplemente fueron pequeños pétalos que la Virgen quiso desgranar sobre este pregón, como dando firmeza a mis pensamientos.
Me acerqué en visita deseada hasta la casa de la Señá Santa Ana, catedral trianera allende el río. Presidía el Altar Mayor La Pastora Divina, su cara de serenidad angélica, dedicaba su más amorosa mirada hacía aquel rebaño, que acudía esperanzado a sus plantas. Era la Función Principal de Instituto, oficiada por nuestro querido Cardenal D. Carlos Amigo. Saludos del Hermano Mayor, de autoridades, de miembros de Junta. El librito finamente elaborado con la liturgia que acompañaba al día, se me entregó a la llegada. Lo abrí con atención para seguir el orden establecido y en la lectura del Salmo Responsorial, mis ojos atónitos tropezaron con el Magnificat. Llevaba debatiendo varios días esta oración para el comienzo del Pregón y La Pastora de Triana me lo sirve en fino libro. Por si no fuera suficiente y asistiendo a la misa dominical, por segunda vez y anunciado desde el Altar, el Magnificat volvió a resonar en mis oídos, inundando mi alma de gratitud. ¿Cómo llamamos a lo ocurrido?, ¿Casualidad?, ¿Premonición?, ¿Cosas que pasan?... sentí una vez más la protección a la que me tiene acostumbrada María, mi Madre.
Pastora de Triana, fantasía hecha realidad, devoción íntima del Padre Mijares, que reposa eternamente a sus plantas, romanticismo hecho Virgen para gloria de todos los que te admiramos. Allí, ocupando el Altar Mayor, una mirada permanecía fija en su figura.
Como te mira Santa Ana
y te previene bajito,
que no tardes por Triana,
cuando sales de paseo
buscando entre flores blancas,
almas para acariciar,
Tus manos inmaculadas.
2007: José Antonio Rodríguez Benítez
Hoy mi recuerdo se encamina hacia aquella Virgen que añora el sonido de las sandalias del Padre Mijares, en aquel trascoro, donde el tiempo parece pasar de puntillas, a velocidad de niño. Me vuelvo centinela ante los ojos de la Pastora que en Santa Ana siembra su dehesa de montañas y pinares nuevos.
Mentiría si te dijera que aquella última oración que te recé, antes del Pregón, no me sentí algo extraño, ajeno de lo cotidiano, cuando clavé mi mirada en su rostro.
¡Qué desconcertante luz se agita en sus ojos, que provocan que vea en ellos los de la Esperanza de Triana! ¡Qué procesión de luces negras desfilan por el borde de sus pupilas dibujando un perfil oscuro!
No se, si esos ojos algún ángel los ha teñido de azabache. No lo sé. Sin son producto de una madrugada o de una tarde de septiembre.
Misteriosamente, cuando la noche de luna de nissán bebe el viento de sus horas, una hilera de nazarenos cubiertos por su antifaz salen en procesión desde Santa Ana para incorporarse a los tramos que marchan de la Capilla de los Marineros. ¿Acaso es que tú, Pastora, también pones nazarenos en la calle? ¿Acaso esos penitentes, que sólo muestran sus pupilas a través de una tela, son enviados tuyos?
Dime, Pastora, si esas manos de almíbar endulzadas que hoy sostienen el cayado, son las manos que una madrugada de Viernes Santo deslizaron entre sus dedos la húmeda tela de un pañuelo. Quizá parezca una osadía pero os contemplo, Esperanza y Pastora, y las dos me parecéis la misma imagen.
He visto luz en tus ojos
a través de una cancela.
Yo sabía que eras Pastora
de tu rebaño de ovejas.
Sabía que en el trascoro
de aquella Catedral vieja
todos los jueves del año
una oración te confiesan.
Hoy, al mirar tus pupilas,
esas que enganchan de veras.
no sabía si eras, niña
de pinares y dehesas
o si eras la que a Santa Ana
vino en marzo en parihuelas.
He mirado tus pupilas,
contemplándolas de cerca,
y he visto en ellas la Gloria
y el dolor de la Cuaresma.
Porque en tus ojos, Pastora,
la Esperanza se refleja.
Ese cristal donde ancla
la historia de Galilea
que quiso llamar Triana
a su embajada sureña.
Los ojos con los que miras
esconden una certeza.
Lo pregonan los vecinos
que se encierran tras las puertas,
rumores del Altozano,
murmullos de la Plazuela,
lo han escrito en un soneto
y me han cedido su letra:
Dime a quién pertenece esta locura
que me lleva de Santa Ana hasta Pureza.
¿A quien mi corazón es el que reza?
¿A la Virgen de septiembre singladura…
…la que salió en abril de penitencia?
¿Qué es lo que guarda tu mirada oscura?
¿Por qué veo en tus pupilas mi atadura,
que os comparo y no encuentro diferencia?
Esta duda se me hace delatora,
no me hagas que decante la balanza:
Penitencia, para mí, es, también, gloria.
Veo a las dos y establezco la alianza,
y al mirarte a losojos veo, Pastora,
la razón que me lleva a la Esperanza